Ya hemos pasado mayo, época de comuniones. Hace un par de semanas un amigo fue a un ensayo de boda, que es en lo que se han transformado las comuniones, y la afortunada niña que comulgaba por primera vez le pidió como regalo dinero. Según explicó la niña lo quería para comprarse un perro, concretamente un yorkshire, que debe de ser una raza de moda en la zona, todo esto con el beneplácito de sus padres, que estaban de acuerdo en todo.
Se habrá dicho infinitas veces, pero parece que no son suficientes, así que ahí va otra vez: los animales no son juguetes.
Una niña de ocho años no debería comprarse un perro por capricho, como parece el caso, ya que a los pocos días, y una vez que se canse de él al igual que se cansa de todos y cada uno de los innumerables juguetes que seguro tiene, olvidará el perrito, y luego los padres se cansarán porque el perrito se hará caca en casa, que un perro no aguanta tres días sin hacer sus necesidades. Morderá los muebles y ladrará mucho, porque la vida es muy tediosa si eres un animal social y nadie te hace caso. En fin, toda una serie de inconvenientes que el animal tiene y que el peluche con forma de perro, que es realmente lo que la niña quería, no.
¿Que a que viene esto?, pues es que esta mañana me han pasado el siguiente enlace: 10 razones para adoptar un gato adulto en vez de un gatito., y me he acordado de la conversación con ese amigo que tuve hace unas semanas.
Por cierto, el enlace no tiene desperdicio. Miradlo, porque es fantástico.
Un saludo a todos, y cuidad de vuestras mascotas.
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